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Misionar también es encontrarse: la experiencia de 6º año del Colegio FASTA Santo Domingo de Guzmán.

Fueron a llevar, volvieron descubriendo todo lo que habían recibido.

El 25 y 26 de agosto, 24 alumnos de 6.º año del Colegio FASTA Santo Domingo de Guzmán vivieron dos días de misión en el Barrio Las Flores, en La Calera. Los acompañaron cinco docentes y el Padre Gregorio Álvarez sacerdote de la comunidad, junto al presidente del centro vecinal del barrio y su comitiva, que abrieron las puertas y guiaron cada paso.

Lo que sigue no es la crónica de una jornada solidaria, es la historia de un encuentro.

Semanas antes del viaje, los alumnos de 6º año asumieron el protagonismo, se organizaron en comisiones: Comunicación, Logística, Kermés, Olla Popular y Peña, y cada grupo se hizo cargo de pensar, preparar y sostener una parte de la misión. Toda la comunidad educativa se puso en movimiento, el Nivel Primario, las familias y docentes acercaron donaciones.

Nadie fue de espectador. Cada tarea dependía del compromiso de todos.

Al llegar al barrio, lo primero fue recorrer las calles y golpear puertas para invitar a las familias. Esa invitación a una kermés o a una cena se convirtió rápidamente en otra cosa: mates compartidos, largas conversaciones, historias de cómo se construyó el barrio.

Por la tarde, los más chicos disfrutaron de una kermés con juegos y una merienda preparada por los alumnos. Por la noche llegaron la olla popular y la peña organizada por los jóvenes, donde la música y la mesa compartida terminaron de borrar la línea entre quienes llegaban y quienes recibían.

Al día siguiente, los alumnos armaron un ropero comunitario con todas las donaciones reunidas.

“El encuentro fue muy humano, de persona a persona. Pudimos comunicarnos, intercambiar experiencias y realidades. Ponernos, y que ellos se pongan, en los pies de otros.”
Joaquín, docente acompañante

Los alumnos llegaron pensando que iban a invitar y se encontraron con personas que los invitaban a ellos: a entrar, a sentarse, a tomar un mate y a escuchar.

“Creo que el momento de más asombro fue cuando la gente nos invitaba a entrar a sus hogares.”
Joaquín, docente acompañante.

Ahí apareció el aprendizaje más grande de esos dos días: misionar no es solamente llevar una donación, organizar un juego o preparar una comida. Misionar también es estar, escuchar y dejarse encontrar por el otro.

Del lado de los adultos, lo que más impactó fue ver a los chicos fuera del aula, en un contexto donde los valores dejan de ser contenido y se vuelven gesto concreto.

“Fuimos a compartir nuestro tiempo, nuestro trabajo y nuestras donaciones, pero regresamos con la certeza de haber recibido mucho más: historias, aprendizajes, afecto y una manera diferente de mirar al otro.”
Pamela, docente acompañante

Los jóvenes sirvieron la comida, animaron la peña, jugaron con los niños y ordenaron el ropero, con estos pequeños gestos mostraron que habían entendido de qué se trataba, involucrarse, salir de sí mismos y estar verdaderamente disponibles.

En el Colegio FASTA Santo Domingo de Guzmán buscamos formar jóvenes comprometidos con la realidad, capaces de salir al encuentro del otro, asumir responsabilidades y poner sus talentos al servicio del bien común. La misión es el lugar donde esos objetivos se hacen vida.

Que ocurra en 6º año no es casual. Llega en la etapa final del recorrido escolar, cuando los alumnos dejan de ser destinatarios de una propuesta para volverse responsables de pensarla, organizarla y sostenerla. Autonomía, liderazgo, trabajo en equipo, empatía y vocación de servicio se ponen en juego al mismo tiempo.

Y en un momento en que empiezan a construir sus propios proyectos de vida, la misión les deja una pregunta abierta: ¿qué lugar quieren ocupar frente a los demás?.

Ahí apareció el aprendizaje más grande de esos dos días: misionar no es solamente llevar una donación, organizar un juego o preparar una comida. Los alumnos fueron a llevar el mensaje del Evangelio, y descubrieron que Jesús ya los estaba esperando en cada casa, en cada mate compartido y en cada historia escuchada. Porque Cristo vive en el otro: anunciarlo y reconocerlo son, en el fondo, el mismo gesto.

Gracias a las familias del Barrio Las Flores, al centro vecinal de La Calera y a toda nuestra comunidad educativa que colaboró con las donaciones. Sin ustedes, esta misión no habría sido posible.

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