Cada nueva obra que se concreta en el Colegio se convierte en una oportunidad para dar gracias y reconocer que el Señor nunca se deja ganar en generosidad.
Hace ya un tiempo, muchas personas de la comunidad, vienen soñando, rezando y trabajando para que este ascensor, sea una realidad.

Como en toda familia, en nuestro Colegio buscamos que cada integrante pueda recorrer plenamente cada rincón del edificio. Porque esos espacios no son solo paredes, son lugares donde se facilitan los aprendizajes y se construyen recuerdos que quedan para siempre. El ascensor nace de ese mismo espíritu: una comunidad que acompaña, anima y no mira para el costado ante las necesidades de cada uno.
Más que subir y bajar: un puente entre personas
Este ascensor conecta pisos, pero también conecta personas dispuestas a enseñar, aprender, jugar y compartir. Una imagen lo resume mejor que ninguna otra: Santa Teresita del Niño Jesús comparaba la confianza en Dios con un ascensor que nos eleva hacia el cielo, cuando entendemos que no llegamos allí por nuestras propias fuerzas, sino por amor.

Una bendición para acompañar su uso
La ceremonia contó con la bendición del Padre Gregorio Álvarez, quien pidió que este nuevo espacio sea utilizado siempre con responsabilidad, cuidado y al servicio de quienes lo necesiten.
Hoy le damos gracias a Dios por esta obra y a cada persona que la soñó y la hizo posible.
Cada vez que veamos el ascensor en el patio, será un recordatorio de que estamos llamados a lo alto.

